"El libro es un intento de capturar en parte lo extraordinario de una época argentina que no estaba en el horizonte de un siglo que se inició”, comenta Ricardo Forster en el comienzo del libro El litigio por la democracia - La Argentina en el tiempo kirchnerista -, editado recientemente por el sello Planeta. Un trabajo que funcionará como punto de partida para habilitar la charla debate que el filósofo de Carta Abierta protagonizará en la Feria, en compañía con su par cordobés Diego Tatián.
A modo de adelanto publicamos aquí un resumen del prólogo, intentando dar cuenta de la línea argumental que Forster desarrolla a lo largo de este ensayo.
“Años, los últimos, cargados de intensidades y de desafíos. Y, a la vez, de un presente que se atreve a reconstruir, desde sus necesidades, los puentes de ida y vuelta que habiliten la reposición de debates truncados sabiendo que le toca a nuestra actualidad darle forma interpretativa a lo que marcó hondamente nuestra travesía como nación.
“Todo esto, fuertemente sacudido por el retorno de la política y de sujetos multitudinarios que vuelven a ocupar el espacio público y a salir de la invisibilidad a la que habían sido confinados por el relato del fin de la historia, la muerte de las ideologías y el triunfo de la economía global de mercado asociado a la democracia liberal (...).”
“Nuevamente se puso en marcha el tren de la historia. Tal vez por eso, por el hecho de ya no ser portadores de ninguna certeza absoluta ni cultores de ningún dogma salvador, mayor sea la insistencia en comprender y en defender lo que insólita e inesperadamente se ha abierto en la Argentina, de la mano de un viento venido del sur patagónico”.
“Un libro nacido (…) al calor de los acontecimientos y que intenta comprender los signos de la época sin dejar, por ello, de asumir el núcleo litigioso que hoy surca el debate público y, sobre todo, el retorno de lo político y de la politización que le confieren a estas páginas su impronta y, por qué no, su sensibilidad y su compromiso”.
“La actualidad argentina tiene la marca de lo excepcional y, claro, de lo no previsible. Lo inesperadamente abierto el 25 de mayo de 2003 vino a enloquecer ese devenir inercial de una historia decadente y sin salida. Pero también vino a dar cuenta de sonidos roncos que se guardaban por debajo de la superficie y que buscaban su camino hacia la luz del día. Kirchner, su nombre, vino a catalizar fuerzas visibles y subterráneas de una realidad en estado de intemperie; de un país que zigzagueaba al borde del precipicio y que no terminaba de sustraerse a los designios malditos de la década del noventa y de su tremenda capacidad para destruir tejido social, instituciones, trabajo, vida cultural y tradiciones política”.
“Una sociedad que pareció quebrarse en las jornadas de diciembre de 2001 cuando una extraña y anómala rebelión hizo saltar por los aires a las estructuras institucionales y políticas del país. Una sociedad que quedó girando en el vacío. Pero la historia muy pocas veces es lineal. Ruptura y continuidad se entrelazan marcando a fuego la complejidad de un presente anómalo. Muy de tanto en tanto, cuando no se lo espera, algo sucede, que viene a alterar las escrituras del poder. Algo de eso, en su excepcionalidad, aconteció a partir del 25 de mayo de 2003 (…).”
“Hubo que esperar hasta la muerte de Néstor Kirchner, también inesperada, para terminar de desgarrar el velo de la impostura, de ese relato mentiroso y autoexculpatorio que tanto les sirvió a ciertos intelectuales y políticos supuestamente progresistas a la hora de consolidar su opción por el poder corporativo y la restauración conservadora. (…)”.
“El nombre de Kirchner vino a romper esa continuidad malsana, vino a desequilibrar la marcha regular hacia la barbarie de un modelo económico-político que, desde hace mucho tiempo, no sólo venía ejerciendo su poderío sobre la vida material de los desposeídos sino, también, había logrado capturar los núcleos más profundos y decisivos de la vida cultural apuntalando, de ese modo, sus propios intereses transformándolos en los únicos visibles de cara a una sociedad que se mostraba como vaciada de sí misma y demudada (...)”.
“Primero Néstor Kirchner y luego Cristina Fernández produjeron una inflexión histórica entramando legitimidad y soberanía como atributos siempre extraviados de la democracia argentina. Kirchner, su nombre, habilitó el regreso, bajo nuevas condiciones, de lenguajes emancipatorios extraviados entre las derrotas y los errores; hizo posible una lectura en espejo de otras circunstancias históricas al mismo tiempo que nos desafió a que encontráramos las palabras que pudieran nombrar lo que permanecía sin nombre de este giro de la historia. Allí, en esa extraordinaria encrucijada, alguien, una figura extraña que vino del sur patagónico, escribió para siempre su nombre en la memoria popular”.